(Mayo de 2011)

Toda buena obra artística que se precie no solo necesita de la genialidad de su autor. También de buenas dosis de esfuerzo, concentración y trabajo duro. Y estas son cualidades que requieren tiempo. No basta con que el genio se plante delante del marco, el papel en blanco o la cámara y con dos brochazos, líneas o travellings cree sin más una obra maestra —expresión esta que, estarán de acuerdo conmigo, hoy en día se usa demasiado frecuentemente y demasiado a la ligera—.

Quiero decir con esto que si Woody Allen llevaba años sin deleitarnos con una película que hiciera honor a su nombre es en buena medida por esa enfermiza obsesión que tiene (una más) de no dejar de trabajar. Como también sucede con Clint Eastwood, el hecho de hacer una película al año lleva a la fuerza a resultados más pobres de lo que su público les “exige”. Y es que no se puede pretender, ni siquiera siendo un genio, hacer una genialidad al año.

Allen/Willis, una pareja bien avenida

Y menos aún si eres Woody Allen, y me explico: él mismo expresaba en el libro, ‘Woody por Allen’, de Stig Bjorkman, que su papel en el mundo de la dirección nunca ha dejado de ser el de “invitado” pues, como Billy Wilder, se considera sobre todo escritor. Allen confesaba al escritor que muchos de los logros que cosechó en su día como director se los debe en gran medida a hombres como Carlo di Palma o Gordon Willis —al que también debe lo suyo Coppola, pero esa ya es otra historia— y que, si dividiéramos el cine entre los que hacen prosa y los que hacen poesía, él no sería más que un simple hacedor de lo primero, reservando el lujo de la rima con alma a figuras como las de Bergman o Fellini.

Indudablemente, estaremos todos de acuerdo en que se pasa de modesto, pues películas como ‘Manhattan’, ‘Annie Hall’ o ‘Maridos y mujeres’, —con la que se adelanta unos años al movimiento Dogma—, así como sus cintas más profundas, olvidadas muchas de ellas por carecer de comedia y dignas herederas de su adorado Bergman (‘Septiembre’, ‘Otra mujer’, ‘Interiores’) demuestran que el neoyorquino sabe hacer algo más que escribir. Y que si se pone puede ser el mejor de los “poetas”.

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‘Sueños de un seductor’, ¿su mejor guion de comedia?

Pero sí, su fuerte es indudablemente el guion, y la comedia el género donde mejor se mueve. Un buen ejemplo de esto es ‘Sueños de un seductor’, que, siendo su película más desternillante, resulta no estar dirigida por él. Pues bien, he aquí que de un tiempo a esta parte sus guiones flojeaban, llegándose incluso a repetir los argumentos. La historia más recordada de ‘Todos dicen I love you‘ ya la habíamos visto en ‘Otra mujer’; ‘Macht Point’ toma su trama de ‘Delitos y faltas‘, y ‘Scoop’ recuerda bastante a ‘Alice’, por mencionar tan solo tres ejemplos de los muchos que hay.

‘Midnight in Paris’ también recuerda irremediablemente a otra de sus mejores obras, ‘La Rosa púrpura del Cairo’, pero da un paso más allá, convirtiendo así la idea principal en algo genuino y genial. De pronto la bombilla de Allen se volvió a encender con fuerza en su cabeza para volver a partir de algo único, alrededor de lo cual gira una historia fantástica, surrealista, cargada de guiños, dobles sentidos, situaciones hilarantes y diálogos tan cómicos como profundos (mención aparte para el homenaje a ‘El Ángel exterminador‘, de Luis Buñuel).

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Y todo ello aderezado con esas bandas sonoras tan de Woody Allen, ese gusto en lo estético y esas conversaciones de arte o filosofía que muestran el enorme poso intelectual de un “poeta” tan modesto e inteligente que “solo sabe que no sabe nada” y que por momentos transportan a uno a otro mundo, el del cine, arrancándole de la cara una sonrisa de puro placer. Ese es un logro al alcance de pocos por el que se pagan con gusto los siete euros más palomitas. 

‘Midnight in Paris’ no solo es el mejor canto a esta ciudad desde ‘Amélie’, sino sobre todo y lo que es más importante la confirmación de que Woody Allen quiere volver, en efecto, a su “edad de oro”. Tal vez nunca vuelva a estar a la altura de ‘Annie Hall’, pero nos basta con saber que puede seguir llenando el saco en que están ‘Balas sobre Broadway‘, ‘Poderosa Afrodita’, ‘Todos dicen I Love you’ o ‘Misterioso Asesinato en Manhattan’, algunas de las muchas películas que convierten a este poeta del cine en uno de esos genios que los artistas del futuro desearán haber conocido.

Desmontando a Woody

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