(2011)
Érase una vez, en un futuro no muy lejano… Un mundo donde las ciudades se han convertido en grandes y luminosos edificios que rasgan el cielo, a través de los cuales pasan autopistas y vehículos voladores. Todo es ultra moderno, fantástico, colosal. Y sin embargo el hombre parece de todo menos feliz, y la pesadumbre y la desidia dominan su espíritu. ¿’Blade Runner’? ¿’El quinto elemento’? ¿’Batman’? No, ‘Metrópolis’, 1926.
En esta ciudad vive un ser que, a pesar de tener todo el aspecto de una persona corriente, un ser humano que siente, padece y sueña como el resto, resulta en realidad ser una máquina, ¡un robot! Y hay que eliminarlo. ‘Blade Runner’, obviamente. No, ‘Metrópolis’.
Unos quieren eliminarlo, sí, pero otros ven en él a un elegido, a un liberador. Tiene aspecto humano pero es un arma muy poderosa. Tumbada en una especie de tubo de cristal dejará de tener aspecto robótico o extraterrestre para convertirse en una bellísima mujer. Pero no es ‘El quinto elemento’, sino ‘Metrópolis’.

Esa increíble transformación vendrá de la mano de un científico loco, que gracias a su brillante cerebro y a su laboratorio secreto conseguirá convertir a la máquina en algo humano. Rayos de todo tipo inundan la estancia, y van de la cabeza del robot a la cabeza de la chica, uniendo las cualidades de ambos seres… ¿’Frankenstein’, entonces? ‘Metrópolis’.
Aunque muy pocos lo sepan, en realidad existen dos mundos. Uno real y uno ficticio. Ninguno de los habitantes del mundo ficticio sabe que existe el real, pero unos pocos del mundo real sí saben que existe el ficticio, y luchan por cambiar las cosas. ¡’Matrix’! No, ‘Metrópolis’.
En el mundo real, el mundo subterráneo, los hombres están dominados por las máquinas. Ellas llevan el rumbo de sus vidas, y les tienen esclavizados. Los hombres sobreviven como pueden a ese yugo, esperando la llegada de un salvador, de un mesías, que les enseñe el camino a seguir para poder liberarse de esas garras artificiales, aunque seguimos sin hablar de ‘Matrix’.
Y cómo olvidar la secuencia final, en la que el bueno y el malo corren por los tejados, bajo la atenta mirada de un encolerizado pueblo que espera abajo con antorchas encendidas. Una extraña fusión entre ‘Blade Runner’ y ‘la bella y la bestia’, aunque sigue siendo ‘Metrópolis’, de 1926.
Moraleja: Si te mola la ciencia ficción… ¡No te pierdas ‘Metrópolis’!
