(Abril de 2011)
Al enterarme de la muerte de Sidney Lumet me vienen a la cabeza cuatro de sus películas. Obras que probablemente nunca se definieron en nuestras mentes como “una de Lumet” sino simplemente por tratarse de “buenas películas”. Es por ello que solo cuando las juntamos todas y decimos “eran de Lumet”, nos damos cuenta del importante legado cinematográfico de este director, cuyo nombre no destacó tanto como el de otros en el universo de Hollywood pero cuyas películas más destacadas fueron, siempre, una sorpresa.
Haciendo una retrospectiva mental sobre estas cuatro películas (todas ellas presentes en el libro de Taschen ‘1001 películas que hay ver antes de morir‘), caigo en la cuenta de que, como bien apuntan en los diversos obituarios, su cine desprendía buenas dosis de denuncia social. Historias e imágenes contra el sistema judicial, policial, los medios de comunicación y la sociedad capitalista en general. Aunque Lumet no se quedaba ahí, sino que transmitía todo ello desde un punto de vista diferente: el suyo, el mundo según Lumet. En él, y como en aquella canción de nuestra infancia, los policías son los malos, los atracadores son honrados, los jurados perspicaces y los presentadores de televisión, sinceros. Lo dicho, un mundo diferente.

‘Serpico’, alter ego de Lumet en la pantalla durante esa etapa combativa, es con seguridad su personaje más emblemático. El interpretado por Al Pacino es uno de esos personajes que calan de tal manera en el imaginario colectivo que acaban convirtiéndose en el perfecto ejemplo de ciertos comportamientos o actitudes, como Rambo es el insensato atrevido o Conan el mazao imbatible. Al Pacino logró una de sus interpretaciones más memorables —que ya es decir— en la piel de este poli desaliñado cuya misión concuerda con ese “punto de vista” que parecía buscar siempre Lumet: limpiar, desde dentro, la mierda que inunda el cuerpo.
’12 hombres sin piedad’, para un servidor su mejor película, también aborda la denuncia desde otro punto de vista. Solo así se explica que el héroe de una de juicios resulte ser un simple miembro del jurado (Henry Fonda) que no se resigna tan fácilmente a la verborrea del abogado y que lucha en un microcosmos de diversas personalidades por la presunta inocencia del acusado.
Cualquiera que haya visto ’12 hombres sin piedad’ la situará a buen seguro entre sus favoritas del género judicial, como de hecho hará con ‘Serpico’ a la hora de mencionar las policíacas o con ‘Tarde de perros’ para las de atracos. Porque todas ellas son diferentes, porque están expuestas desde el lado contrario. Porque el jurado es listo, los polis son malos y el malo es muy bueno.

‘Network’ fue su probablemente su última gran obra. Una película muy recomendable para todo aquel que se sienta bajo el yugo de un Gran hermano disfrazado de grupo de comunicación, y de nuevo un hombre contra el sistema que le rodea, contra sus colegas de trabajo y contra las normas establecidas, con un punto de vista diferente y con un final trágico e inevitable para el antihéroe. Howard Beal, «el profeta loco», decidió decir verdades por la tele. Y eso se paga muy caro.
Tal vez Lumet también lo pagó caro. Fue nominado cinco veces a los Óscars y tuvo que dejar de mostrar “su punto de vista” para que le concedieran un honorífico, muchos años después. Su vida no acabó tan trágicamente como la de muchos de sus personajes, aunque el ostracismo puede ser un arma tan peligrosa como la que más. Murió muy lejos de su campo de acción, tras decir lo que pensaba y con un gran trabajo a sus espaldas. Hasta siempre, Serpico.
