Todos tenemos un espejo en el que mirarnos para triunfar en el mundo laboral. Incluso el mismísimo Billy Wilder, que como ya sabemos tenía sobre aquella mesa donde escribió varias de las mejores historias del cine de Hollywood un pequeño marco en el que se leía: “¿Cómo lo haría Lubitsch?”.
La admiración de Wilder por su maestro siempre fue absoluta y nunca fingida, y es por ello que siempre buscó el llamado “toque Lubitsch” en cada una de sus obras, especialmente en las comedias. Wilder nunca hizo ‘Ser o no ser‘, (como Spielberg no hizo ‘Regreso al futuro’), pero otras muchas de sus películas demuestran que, en efecto, tenía bien aprendido el famoso toque y sabía cómo y dónde usarlo.

Ese toque, en fin, consistía básicamente y según palabras del propio Wilder en “la gracia contada de manera elegante», y en la «última y totalmente inesperada vuelta de tuerca”. En las ya míticas ‘Conversaciones con Billy Wilder’, de Cameron Crowe, Wilder contaba a su colega que una de las escenas de las que más orgulloso se sentía —y en la quedó bien expuesto el toque Lubitsch— era aquella de Anthony Curtis y Marilyn Monroe en el yate de ‘Con faldas y a loco’.
Aquella escena, contaba Wilder, no tenía mucha historia: Tony Curtis, después de engañar a Sugar Kane haciéndose pasar por el dueño de la Shell, se lleva a esta a un yate que ni siquiera es suyo y “se la tira” (palabras textuales de Wilder). Era gracioso, se podía sacar mucho jugo y era, desde luego, lo que el público quería y sobre todo esperaba. Y por eso mismo, claro, no convencía a Wilder.

Mientras planeaba estaba secuencia con I.A.L Diamond y el resto del equipo, alguien un tanto cansado de darle tantas vueltas al asunto espetó: “¿Pero qué hay mejor que engañar a Marilyn Monroe para poder tirársela?”. La reunión quedó ahí, y Wilder se fue a casa con esa pregunta bombardeando su cabeza, pues en verdad la respuesta es bien complicada, si es que acaso existe.
Esa noche, el director se levantó sobresaltado. ¡Tenía la respuesta! «¿Qué hay mejor que engañar a Marilyn Monroe para tirársela? ¡Engañar a Marilyn Monroe para que ella se te tire a ti! ¡Eso sí que sería impagable! Conseguir que Monroe te convenza, y no al revés».
Ese era el toque Lubitsch. Y eso es lo que perseguía Wilder. Así, Joe le asegura a Sugar que no hay nada que nadie pueda hacer para que él sienta pasión, y ella lucha desesperadamente por demostrar lo contrario. “La pierna de Curtis es la clave», recordaba Wilder a Crowe, «lo es todo. Si esa pierna no sube no habría engaño, ni gracia, ni nada. Estoy muy orgulloso de esa escena”. Seguro que Lubitsch también lo estaría.
