(2012)

Hablábamos en el último post de las posibilidades existentes para los amantes del cine que no supongan necesariamente el elevado coste que trae consigo la subida del IVA, y mencionábamos la interesante y barata oferta de la Filmoteca Nacional. Sin ir más lejos, solo este mes de Septiembre y por menos de 3 euros la película, podremos disfrutar de ‘Amarcord’, ‘El Mago de Oz’, ‘La noche del cazador’, ‘Qué verde era mi valle’… Todas ellas fijas en la innumerables listas sobre las mejores cintas de la historia y todas ellas muy recomendables. Pero hay una que se me antoja aún más imprescindible, aunque solo sea porque no es fácil conseguirla en DVD ni mucho menos verla en televisión, y que trata un tema tan tristemente candente estos días como es el secuestro y asesinato de niños. Estamos hablando de ‘M, el vampiro de Düsseldorf’, de Fritz Lang.

Lorre, en una escena para la historia

Rodada en 1931, ‘M, el vampiro de Dusseldorf’ bien podría ser una película moderna. Su argumento y su guion son pioneros en el género del thriller de asesinos en serie, pero es su atrevido e ingenioso montaje lo que la convierte en una cinta adelantada a su tiempo, logrando encogernos el corazón sin necesidad alguna mostrar vísceras o cuchillos rasgando, único recurso con el que cuentan ya miles de directores para lograr impactar al espectador. El silbido de una melodía, un primer plano de un globo, de un plato vacío, de un reloj… y Fritz Lang te ha helado la sangre enseñándote de paso en que consiste el cine.

Es difícil decir si se trata de la mejor película de este mítico director. Se trata del hombre que sentó las bases del expresionismo alemán —’Doctor Mabuse'»‘— y la ciencia ficción en el séptimo arte —’Metrópolis’—, así como el autor de varias de las mejores cintas de cine negro —´Los sobornados’, ‘Perversidad’, ‘La mujer del cuadro’—. Lang es uno de los muchos directores europeos a los que Estados Unidos debe tanto, capaz de decir “no” a la dirección de los estudios cinematográficos nazis y de criticar —precisamente con ‘M’, en una secuencia inolvidable— a una sociedad en crisis de identidad como era la alemana de los años 20 y que acabó derivando en lo que ya todos sabemos.

‘M’ supone también la primera de las muchas y brillantes actuaciones de Peter Lorre encarnando a un personaje imposible de olvidar: verdugo y víctima, lobo y cordero, en una historia cuya esencia y moraleja tienen lugar en una atenazadora y sofocante secuencia final que da mucho que pensar.

‘M’, Fritz Lang, Peter Lorre, pantalla grande. Por algo así sí que paga uno diez euros. Y solo serán dos. Me sobran otros ocho para ver las otras cuatro y echar por tierra mis planes de ahorro. “No puedo evitarlo”, que diría el vampiro.

Con M de Mítica

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